¿Querrían los animales que difundiéramos recetas veganas?

Seis motivos por los que estoy a favor del activismo “cocinitas”

Hace unos días leía en redes sociales cómo alguien se lamentaba amargamente de que lo primero que la gente pensaba cuando oía la palabra ‘vegano’ era en comer. Esta persona, un guru, constataba este hecho como si fuera algo muy negativo, muy malo para el movimiento. Como si compartir recetas y querer acabar con la explotación animal fuera cosa de superficiales. Una frivolidad.

¡El veganismo no es una dieta! Repiten sin parar. Y lo hacen para atacar publicaciones relacionadas con recetas veganas. Atacar publicaciones que difunden el veganismo, pensadlo por un instante.

En este post voy a tratar de explicar por qué creo que esa es una postura poco realista y, desde luego, poco eficaz. Una visión que se mira demasiado el ombligo y que ignora el mundo voraz, insaciable y especista en el que vivimos.

En palabras de la filósofa Marta Tafallael capitalismo desalmado en el que vivimos, que explota a millones de seres humanos con una crueldad sin límites y desecha a muchos otros como si nada valieran, se sostiene sobre la explotación de la naturaleza, y especialmente sobre los animales“.

Hay una frase, atribuida a Fredric Jameson, que me gusta mucho: es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Me pasa algo parecido con el especismo y, sinceramente, no tengo ni idea de cómo pensáis llegar a un mundo vegano si no es a través de los estómagos.

1. El peor enemigo del veganismo

Decía Tobias Leenaert en su libro “Hacia un mundo vegano” que el peor enemigo del veganismo es la mala comida vegana.

Yo nací en Bilbao, una ciudad del País Vasco. En mi tierra todo, absolutamente todo lo importante de la vida, ocurre alrededor de una mesa. Allí se inventaron los txokos, sociedades gastronómicas cerradas al público en las que los hombres se reúnen para cocinar, comer y “arreglar el mundo”. Suelo decir, y os aseguro que es cierto, que tengo familiares que hubieran preferido morir antes que dejar de comer animales. El chuletón, la merluza y el vino eran y son su principal fuente de felicidad.

¿Creeis que podemos llevar a ese tipo de personas a nuestro terreno ofreciéndoles una insípida hamburguesa vegetal? Elaborar platos sabrosos, saciantes y que puedan competir con los sabores a los que están acostumbrados esos paladares, es un verdadero reto. Por eso defiendo el activismo de fogones y admiro tanto a la gente creativa y que veganiza platos típicos y tradicionales con éxito. Por eso y porque yo soy una pésima cocinera.

2. El mayor número de víctimas y el mayor sufrimiento

En ningún otro sector hay un número más alto de invididuos explotados y en ningún otro las víctimas sufren más. Si estás leyendo esto, seguro que ya eres consciente de que cada día, cada segundo, cientos de miles de animales están pasando un calvario para acabar siendo sacrificados por la industria de la alimentación.

Necesitamos atacar por aquí, porque en este sector cualquier pequeño paso es enorme para los animales. Si alguien deja de usar carne picada para su boloñesa porque aprende a hacerla con soja texturizada a través de una cuenta de Instagram, bienvenido sea. Aunque no se haga vegano de nivel 5. Porque lo personal es político, y las decisiones que tomamos en nuestra cocina también lo son.

La difusión de la cocina vegana afecta directamente a millones de animales víctimas de la ganadería.

3. Tres veces al día, todos los días

Solo cada cierto tiempo nos compramos ropa o asistimos a un espectáculo cultural, pero comemos cada día. Como mínimo tres veces, todos los días. Mis amigas, muchas de ellas madres de adolescentes, se ven en la tesitura de preparar comidas variadas y abundantes para chicos y chicas que parecen no tener fondo.

Claro que son buenas personas, claro que no quieren hacer daño a nadie, pero se les acaban las ideas y el espacio mental. Por eso, cuentas como las de mi querida Gloria Vegana son tan valiosas. Gloria difunde recetas fáciles y rápidas y también imparte cursos para hacerte más fácil el día a día.

Quizás cuando los gurus de la estrategia se vean en la situación de alimentar a toda una familia empiecen de darle a este tipo de activismo el valor que se merece.

4. No solo deliciosas, también nutritivas y saludables

Puede que también conozcáis a ese tipo de personas que serían veganas si no tuvieran tantísimo miedo. Hablo de un miedo muy profundo, muy existencial. Yo he tenido, y aún tengo, algunas de ellas en mi círculo cercano. Mi madre era una. Tenía un miedo ancestral a que nos quedáramos desnutridas, miedo a enfermar.

El famoso ¿de dónde sacas las proteínas? que nos hace tanta gracia, no es más que un reflejo de este miedo. Al fin y al cabo, nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir y para prosperar. Todo lo que no nos lleve en esa dirección, o lo que percibamos como peligroso, nos creará rechazo.

Así que, desde aquí una vez más toda mi gratitud a esas personas que difunden el veganismo desde la nutrición. Sois imprescindibles. Para nosotras y para los animales, porque no tiene nada de malo querer mantenerse saludable y lúcido para poder seguir luchando por ellos.

Comida vegana deliciosa para difundir el veganismo

5. ¿Prefieres que te riñan o que te inspiren?

Marc Coloma suele contar que, tras su paso por Igualdad Animal como investigador undercover, se cansó de reñir a la gente sobre todo lo que estaba mal y pensó que había que empezar a ofrecerles alternativas. Sabemos lo que ocurre con los animales y no queremos hacerles daño, pero tampoco queremos renunciar a lo que consideramos nuestros mayores placeres. Así nació Heura, una alternativa vegetal al pollo.

Dejemos de desmerecer las motivaciones de los demás. Dejemos de considerarnos moralmente superiores. Si tu puerta de entrada al veganismo es la ecología, bienvenida seas. Al fin y al cabo, el medio ambiente también es la casa de los animales y querer protegerlo es también protegerlos a ellos. Si estás aquí por salud, entra y ponte cómoda, estás entre amigas. Si tu motivación es la consideración moral hacia los animales eres de las nuestras, no hace falta que te explique mucho más.

¿Y sabes qué? Para mí al final todo es lo mismo porque creo que todo está conectado.

6. No son excluyentes

Aunque a algunos les parezca mentira, defender la difusión de recetas veganas, incluso en revistas de moda y life style no implica rechazar otro tipo de activismos más radicales. Soy partidaria de la acción directa, de las campañas que muestran el horror de granjas y mataderos, de hablar con claridad sobre el tema en los medios de comunicación, de cambiar la legislación y de discutir con quien haga falta. Soy partidaria, sobre todo, de entender el mundo en el que vivimos para poder influir en él.

Y sí, creo firmemente que ser vegana, en el sentido más amplio y político de la palabra, no es lo máximo, es lo mínimo.

Lucía Arana, bilbaína desarraigada, periodista y orgullosa de ser animal, trabaja en INTERcids y CoPPA y es colaboradora habitual del Caballo de Nietzsche y del podcast Veganismo. Dirige y presenta el podcast Derecho y animales. También la podéis leer en su blog Son nosotros.

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